Fiel al rescate de los olvidados (aunque con una vanidad tremenda) cito dos casos de dos grupillos de "artistas a su manera". El primero es de "escritores", el segundo de "políticos". Como envidio a ambos, aunque reconozco la futilidad de sus obras, los pongo en el margen del mundo informativo. Es decir, aparecen en este blog.
Leonardo Valencia escribe hoy sobre cómo el gobierno de Correa se vale de escritores para hacer propaganda a su régimen. Y, dado que Valencia tira contra Correa, está enojado porque su novela fue incluída en un conjunto que publica Alfaguara en España (sin que nadie sepa qué criterio tuvo Vásconez o Carvajal para la selección, como corresponde a todo amarre entre centralistas quiteños). Para ello, entre otras cosas, dice que desde hace "quince años" la literatura ecuatoriana empezó a ser reconocida en España. El escrito completo se encuentra en la edición de hoy de El Universo y no lo pongo porque no se deja copiar, pero aquí va la dirección: http://www.eluniverso.com/2009/05/12/1/1363/63B7ED671F724C709E8206F49659BD59.html
En lo medular que escribe Valencia, hay algunas cosas que dan risa: se enoja porque Correa auspicia la edición (no sabemos tampoco los detalles de contratos que Vásconez/Ministerio de Cultura, aunque no me sorprendería que haya cobrado doble por el mismo trabajo), y cuenta que esas novelas ya fueron publicadas por el Municipio de Guayaquil en el 2007. Pero Valencia se olvida decir que esa colección la editó para el Municipio de Guayaquil (anti-Correa) el mismo Vásconez, quien, como se demuestra muy bien aquí, se mueve a la perfección entre la extrema derecha (Nebot) y la centro-izquierda (Correa), así como lo hacen decenas de "escritores" y grupillos "intelectuales" o de artistas. Moverse entre misteriosos contratos y aparecer como promotor cultural, mientras se lleva dinero del Estado en ediciones mediocres (tengo varias: caras pero mal hechas), esa es la "beca" de gente como Vásconez. Sus lazos de familia, el cabildeo con amigos/autoridades, el amarre en certámenes y eventos literarios, esa es la manera editorial en la que se traduce el lenguaje de "subvenciones estatales". O sea, hablemos claro y dejémonos de cubrirle las espaldas a la corrupción disfrazada de talento o desinterés personal. Si se conociera de veras lo que hace Chávez con los escritores en Venezuela se notaría con facilidad que, "de derecha e izquierda" (amigos siempre, al final del día, por aquello de que el arte está más allá de la política) son, en su gran mayoría, beneficiados por el poder de Chávez. En Ecuador, Correa segue a su guía político, tal como se ve claramente en las andanzas palaciegas/municipaleras de Vásconez al meter SOLAMENTE a sus amigos en los contratos que le ofrecen, no importa que estén calificados; y tal como se ve en los palanqueos de invitaciones a eventos y repartición de premios "artísticos" auspiciados por el gobierno central y municipal.
Para tanta queja y enojo de Valencia la solución es sencilla: cuando a uno no le gusta algo, sólo tiene que decirlo de frente y sin barajo. Decir, por ejemplo: "Vásconez, no me publiques en un proyecto de Correa porque lo detesto" es, en realidad, muy fácil cuando se es coherente. Y no lo digo por Valencia solamente sino también por las decenas de artistas que pululan entre Ministerios y Subsecretarías y se benefician de lo que critican sotto voce. Esto se lo vive en Guayaquil en el diario estatal El Telégrafo y en todos los rincones culturales de Quito. Otra cosa: la publicación de lo mejor de la literatura ecuatoriana no ocurre "desde hace quince años" sino desde finales de los setentas, y se concreta en la que considero la mejor novela ecuatoriana, del desaparecido riobambeño Jorge Rivadeneira: "Las tierras del Nuaymás". Algo más: Valencia menciona a Quiñónez como "ecuatoriano" (a más de otros autores que ni siquiera he escuchado). Aquellos ilusos y despistados que quieren ver filiaciones nacionales o culturales en donde no las hay, deben hacer un trabajo más exhaustivo de investigación biográfica.
A la queja editorial de Valencia la pregunta fundamental que se debe anteponer es: ¿Qué diferencia hay entre servir a Correa y atacar a la derecha versus atacar a Correa y servir a la derecha? NINGUNA. Un intelectual, o alguien que se precie seriamente de serlo, tiene la obligación de cuestionar el poder en cualquiera de sus formas -tanto como el servilismo disfrazado de crítica- sobre todo si abusa o discrimina al ser humano. Un intelectual debe revisar su propio discurso en vez de retratarse como "víctima por conveniencia" o dar lecciones de buen comportamiento o vanguardismo. Cuando las, hasta ahora, incógnitas grandes novelas que saca Alfaguara fueron ya publicadas por el Municipio de Guayaquil con dinero de los ecuatorianos, y que le llegó directamente del gobierno centralista ¿Por qué el alcalde Nebot no hizo propaganda de las mismas? Porque a la derecha guayaquileña no le interesa el arte, pues no rinde económicamente. Prefiere siempre, como la gente de Correa, el amarre y la payasada televisiva. Así, la cosa sigue siendo de personalismos y amiguismos: por un lado los amigos de Vásconez/Carvajal, por otro lado los intelectuales/mediadores políticos oportunistas, y por otro los que denigran en la sombra, mientras se benefician del poder y pescan a río revuelto. Eso son los intelectuales y escritores en relación al poder.
Como podemos ver, este capítulo de falta de honestidad intelectual forma parte del mundo de los "escritores ecuatorianos" de hoy, pero también de la historia literaria: Abel Romeo Castillo ya refirió el "Grupo de Guayaquil" como ejemplo de quienes que no tuvieron reparo en aprovecharse del espacio literario que él les brindaba en El Telégrafo, mientras lo atacaban porque sus "romances" no iban por los andariveles ideológicos/estilísticos que ellos querían (ver Introducción al Nuevo Romancero de Guayaquil).
El segundo asunto de grupillos sin importancia tiene que ver con la también risible y contradictoria creencia de que unos pocos son los iluminados de la historia, y promueve la idea de que los aventureros (cuatro o cinco personas sentadas en torno a una mesa) resultan ser la vanguardia política de la sociedad ecuatoriana. Esto lo sostiene Alberto Acosta, el inefable super y ultra políticamente correcto indigenista (estos son de lo peor), y aparece en una entrevista a un diario argentino (http://diario.rionegro.com.ar/diario/2009/05/08/1241751411240.php). En Ecuador, verdaderas "tierras del nuaymás", todo es posible, como aquí también se demuestra:
"-Para entender el fenómeno y el proceso, cuente cómo surgió Alianza País, que intenta ser un movimiento revolucionario.
-Después de participar individualmente en las marchas callejeras que echaron a Abdalá Bucaram en 1997 y a Yamil Mahuad en el 2000, hacia el 2005 nos empezamos a juntar cinco o seis amigos que empezamos a discutir cómo llevar adelante una propuesta de cambio. Para ese tiempo, en el gobierno interino de Alfredo Palacio, Rafael Correa ocupó el Ministerio de Economía durante 104 días y logró posicionarse en la vida política con mucha fuerza, inteligencia y gran carisma. Salió del ministerio muy fortalecido y entonces estos cinco o seis amigos nos aglutinamos en torno a él, y el movimiento se fue construyendo paulativamente. Recuerdo que nos reuníamos en mi casa y no llenábamos todas las sillas de la mesa del comedor. Eso sí, nosotros hicimos esto y discutíamos ideológicamente, pero por otro lado muchos sectores fueron consolidando las condiciones para que se produjera el cambio. Para decirlo con claridad, Correa no es un relámpago en cielo despejado. Las nubes estaban cargadas por las luchas de los pueblos del campo y de la ciudad, de los indígenas, de los estudiantes, de los ecologistas, de los obreros, empresarios responsables y patriotas, jubilados maltratados... por todos los actores que querían un cambio. Y aquí radica otro de los problemas de Correa: que él no logra entender que las condiciones estaban dadas por esos sectores, por eso no logra tener una relación fluida con el movimiento indígena, por ejemplo."
Creo que esto demuestra claramente el nivel de conveniente cuestionamiento de nuestros "escritores" y los propulsores de "la revolución ciudadana", a la postre, gente que se parece mucho más de lo que quieren creer.
